Tenía 36 años cuando me diagnosticaron cáncer de mama. Fue en 2014. En aquel momento fue un choque terrible; estaba en muy buena forma física y me sentía demasiado joven. Sin embargo, a medida que fui asimilando todo, me propuse con determinación continuar con mi vida normal en la medida de lo posible; seguí haciendo ejercicio, socializando y trabajando en torno al tratamiento. La quimioterapia fue increíblemente dura, un reto tanto físico como mental. La primera sesión de quimioterapia fue la peor. Sentí como si me hubiera bebido una botella de lejía. Tras seis ciclos de quimioterapia, el cáncer había reducido su tamaño tanto que el hospital sugirió un último ciclo y luego realizar una tumorectomía (extirpar solo el tumor, conservando la mama). Ese era el plan.
Durante la quimioterapia, conocí a una mujer que también tenía cáncer de mama. Me habló del ‘BRCA’ y cómo las mutaciones en este gen pueden aumentar el riesgo de desarrollar cáncer de mama. En aquel momento, nunca había oído hablar de ello y nadie en el hospital me había sugerido que me hiciera la prueba. Sin embargo, decidí informarme sobre la posibilidad de hacerme el test.
Una semana antes de la tumorectomía recibí el resultado, seis meses después de hacerme la prueba. El resultado confirmó que tenía una mutación en el gen BRCA1. Entonces mis médicos cambiaron de opinión y me recomendaron una mastectomía bilateral, ya que era muy probable que el cáncer reapareciera. También me recomendaron extirpar los ovarios lo antes posible debido a que la mutación en el gen BRCA1 me daba un alto riesgo de desarrollar también cáncer de ovario. No estaba preparada para esto. Tenía poco más de treinta años; quería tener un hijo y no estaba preparada para empezar la menopausia tan joven. Me aconsejaron no retrasarlo, pero sentí que tenía que tomar esta decisión por mí misma.
Después de mi doble mastectomía, mi especialista me sugirió que contactara con el Dr. Rosenthal, que ofrecía el test ROCA®. Fui a verlo, me informó del test y decidí hacerlo de forma privada. No estaba disponible en el sistema nacional de salud del Reino Unido. La experiencia de la prueba en sí fue buena. Al principio, recibir la carta con los resultados en la puerta de mi casa fue aterrador, porque estaba acostumbrada a recibir resultados muy negativos. Sin embargo, recibir la información fue realmente útil. Obtuve un gráfico con mi riesgo, un número como ‘1 entre 1000’ y un rango de alto a bajo. Podía ver en qué punto me encontraba dentro de ese gráfico. Siempre me mantuve en el rango bajo, y eso me resultó muy tranquilizador. Saber que mi riesgo en ese momento era de uno entre varios miles era algo con lo que podía vivir. Siempre llamaba a mi madre y le decía: “vale, esto es lo que hay, y estoy aquí”.
Uno o dos años después de mi cirugía de mama, conocí a mi pareja actual. Compartí todo sobre mi cáncer y mi diagnóstico de mutación en el gen BRCA1. Hablamos sobre el deseo de tener una familia y exploramos opciones. Cuatro meses después de empezar la relación, la semana antes de cumplir 40 años, uno de mis tests ROCA® salió ligeramente elevado. Al principio entré en pánico pensando que “ya estamos otra vez, está ocurriendo de nuevo”. Sin embargo, una amiga me preguntó si me había hecho una prueba de embarazo. Me la hice. ¡Y estaba embarazada! Sin embargo, el día que cumplí 40 años, sufrí un aborto espontáneo. Pero recuerdo pensar: “he conseguido quedarme embarazada; esto es increíble; puede volver a pasar”. Después de la quimioterapia, los médicos me dijeron que tenía un 2% de posibilidades de quedarme embarazada. Ttenía esperanza. Así que pasé los siguientes seis meses haciendo acupuntura y poniéndome la menor presión posible, simplemente enamorándome de este hombre, siendo feliz, viajando y disfrutando de la vida..
Unos meses después, noté que en ocasiones me faltaba el aire y que me costaba más correr. Me hicieron una resonancia magnética de la parte superior del cuerpo y los médicos pensaron que había algo en mi columna; pasé las siguientes seis semanas sometiéndome a diversas pruebas para descartar cáncer. Algo dio positivo en mis ovarios y me derivaron al Hospital University College London para una ecografía. Recuerdo estar con mi novio, mi madre y mi hermana; todos estábamos asustados. Entonces recibí la noticia. No era cáncer. ¡Estaba embarazada otra vez!
Di a luz a un niño con 41 años.
Mis médicos empezaron a recomendarme de nuevo que me extirpara los ovarios ahora que ya había tenido un hijo, pero yo aún no estaba preparada. Quería que mi cuerpo se recuperara y se fortaleciera tras el parto, y poder disfrutar de ser madre primeriza. En ese momento, también tuve la oportunidad de realizar el test ROCA® a través de un estudio clínico llamado ALDO, que estaba apoyado por el sistema nacional de salud. No dudé en aprovechar esta oportunidad.
Luego, cuando tenía 44 años, volví a tener un test ROCA® ligeramente elevado. Pasé una semana de vacaciones en España pensando que esto ahora se veía diferente, porque ya tenía a mi hijo pequeño. Empecé a notar que mis reglas se estaban volviendo mucho más ligeras y sentía mi cuerpo un poco diferente. Comencé a tener sofocos y mi sueño se vió alterado. Sentí que debía estar en la perimenopausia. Después de investigar mucho y hablar con mi familia y amigos, decidí que me sentía preparada para someterme a la cirugía al año siguiente.
Desde la cirugía he sentido una mezcla de alivio y, a veces, tristeza, por haber tenido que tomar esa decisión. Estoy muy agradecida de que existiera el test ROCA®. Me habría resultado muy duro haber tenido que pasar por la cirugía antes. Me dio tiempo para intentar tener un hijo, y conseguirlo, y mantener mis estrógenos durante el mayor tiempo posible. La menopausia quirúrgica es muy dura. Que te digan que no tienes elección es horrible. Necesitaba sentir que tenía esa elección. Descubrir que existía el test ROCA® me hizo sentir que tenía una opción, y que esa opción me dio tiempo y control
Mi principal aprendizaje de este viaje de 10 años: sí, los médicos son brillantes; ofrecen los mejores consejos clínicos. Pero escúchate también a ti misma, conócete y confía en tu propio juicio. Así encontrarás el mejor camino para ti.
